¿Cultura participativa?

part of attention self-training consists of cultivating the ability to stop reading something that promises to be toxic (Rheingold, 2012)

He disfrutado fantásticas parodias sobre un sinnúmero de temas que ha traido a colación John Oliver en su programa. Pero esta semana, en lugar de reirme quise más bien llorar cuando el mundo entero se mofó de todos nosotros los ecuatorianos que torpemente permitimos que semana a semana el Presidente no solo insulte y maltrate a todo quien discrepe con él, sino que hemos perdido la capacidad de ver lo absurdo de las sabatinas y el desgaste nacional que representan, y cómo ellas han pasado de ser un “enlace ciudadano” a una variedad moderna de circo romano.

Fue en diciembre, durante las fiestas de la Navidad que al hablar yo, desde el extranjero y con beca del gobierno, sobre los avances en educación del pais, mi sobrino me hizo caer en cuenta de lo contradictorio que es que cada semana el Presidente se pare sobre una tarima para degollar a algún compatriota y que eso pone en duda el que en realidad pueda existir una cultura participativa en el Ecuador de hoy. Y sí, estamos tan acostumbrados a las sabatinas que por fuerza de la costumbre nos parece el circo allí entablado, hasta normal. Pero no lo es, y hace falta que nos tiren de las orejas desde afuera para reconocerlo (léase al editorialista Pallares de El Comercio).

Dejando de lado la vergüenza terrible que a mi en lo personal me ocasiona el programa, quiero referirme a otro tema que llama a colación, y es sobre la cultura de participación en los medios digitales.

Oliver se mofa de la rotura del periódico haciendo alusión al tiraje de miles de ejemplares de la prensa escrita y luego da un paso más hacia el alcance de las redes sociales. Si la invención de la prensa permitió acceder a la información a toda la población y no solo a los ilustrados, el advenimiento de los medios sociales ha posibilitado ampliar enormemente el número de voces en la esfera pública.

Ya en el 2005, Tim O’Reilly, al acuñar la “Web 2.0” se refiere a la “arquitectura de participación” forjada por el Internet, en donde cada individuo conectado, compartiendo y aportando información nutre la red y la mejora. La cita de apertura es del libro de Rheingold “Net smart: how to thrive online”, en él se sintetizan treinta años de investigación sobre el uso del Intenet y permite reflexionar sobre la vida física y la vida virtual.

Mi propia experiencia en el mundo digital es más bien reciente y la construcción y fortaleza de las redes sociales me parecen apasionantes. En el Ecuador leo que cada vez más municipios proveen internet inalámbrico en plazas y lugares públicos, pero es importante entender al internet (con “i” minúscula, sí, porque es ya un nombre común y popular) inmerso en un nuevo paradigma en donde se han abierto las puertas para que muchas voces divergentes (y convergentes, también) se expresen. A pasos agigantados, el Ecuador está inmerso en la era digital, por ejemplo los impuestos se pagan únicamente a través del internet. Pero el tiempo en que el Internet era solamente un muro cerrado en donde se leía información publicada por un número limitado, pasó a la historia, de hecho esa parte de la historia ni siquiera vive en la memoria de mi propia hija mayor. El Estado ha de asumir, por ende todo lo que implica su inmersión en el internet, todo lo que implica una cultura de participación.  Negarlo es asumirse anacrónico… como lo pone en evidencia Oliver.

Acogiéndome a la cita de arriba, no hace falta “llover sobre mojado” y sin embargo mi solidaridad con TikoTiko … mala publicidad que se granjeó aquel personaje de cuando los canales de televisión eran solamente privados y la mal llamada “caja boba” llenaba las tardes de escolares.

 

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Un comentario en “¿Cultura participativa?

  1. Me gusta tu enfoque y sinceridad… Lo de Tico-Tico, creo que se lo ganó el payaso… además de que nunca fue de mi agrado..jeje…. Más allá de eso, la escalada de opiniones, todas válidas, por su misma naturaleza de opiniones, deberían traer al Mandatario una suerte de reflexión que le permita ampliar su visión más allá de quienes lo mal-informan para su propio beneficio; lamentablemente dudo que pase, pero con opinar ganamos y no perdemos nada teniendo la esperanza encendida.

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